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      "Saludo del Párroco"Enero de 2012


Queridos hermanos, feligreses y vecinos del barrio: Aún puedo felicitaros el nuevo año 2012 y, con él, la Epifanía, Manifestación del Hijo de Dios en nuestra carne mortal.

 

Me gustaría que este saludo os llegue a todos como un fuerte deseo de paz, amor y felicidad para todos en este nuevo año que vamos a hacer bueno, viviendo con esperanza. Ya sabemos, y oímos, de crisis, y más crisis: económica, moral, espiritual, institucional. Pues bien, yo os animo a que sencillamente hagamos bien todo lo que esté a nuestro alcance. Tratemos de que la verdad, la bondad y la belleza se impongan a la mentira, la maldad y la fealdad.

 

Os propongo que asumamos este reto, y que pensemos cómo vamos a dejar todo mejor; tenemos todo el año para hacerlo, ¡Es mucho tiempo! Y, lo más importante, Jesús está a nuestro lado y tenemos la fuerza del Espíritu Santo.

 

Lo vamos a intentar. Podemos empezar por cosas sencillas que tienen que ver con nuestras realidades domésticas. ¿Qué tiempo y qué calidad de presencia dedico a las personas de mi familia y amigos? Podemos seguir con ese tiempo cotidiano en que los que tienen empleo dedicamos a trabajar y, ojala, vayan siendo todos los que quieren y no pueden. Después puedo pensar en cómo administro mi tiempo. Cuánto tiempo le dedico al Señor, a escuchar su Palabra, dejarme interpelar por sus llamadas. El tiempo que gratuitamente dedico a los demás o podría dedicarlo. Algunos ya lo hacen en la parroquia, en organizaciones de ayuda a los demás. Os aseguro que son felices ¿Puedo yo dedicar tiempo para hacer algo por los demás? En este momento de crisis moral y social, no vendría mal darle un repaso a la doctrina social de la Iglesia para tener criterios sólidamente cristianos a la hora de opinar, influir y sobre todo decidir sobre mi modo de participar en la sociedad, mis hábitos de consumo, mis relaciones, etc.

 

Para empezar con buen pie, renunciaremos a un voluntarismo desasosegado. Hasta Jesús nos dijo que “trabajáramos con calma” para ganar nuestro pan. La mejor cura es pedirle a Dios la fuerza, su gracia para llevar adelante nuestras empresas.

 

Para seguir, vamos a dejar no menos aparcado el activismo alocado. El mismo Jesús no lo hizo todo, ni curó a todos, ni liberó a todos. Y sin embargo pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. Hemos de recordarnos que Jesucristo sigue pacientemente empeñado en salvar a todos. Tarea en que, por cierto, nos ha embarcado también a todos. Principalmente a los que por el bautismo hemos recibido la fuerza de lo alto y una vocación-misión que está llamada a prolongar la suya.

 

Porque Dios, en Jesús, no hace las cosas sin nosotros. Pensad en cuántas cosas le pedimos a Dios que haga, y preguntémonos: ¿en cuáles podría implicarme, comprometerme?

 

A estas alturas alguno estará pensando en todo lo que no puede hacer. Yo os invito a centraros en lo que sí podemos hacer: puedo rezar, puedo sonreír, puedo acompañar, puedo educar, puedo compartir, etc. ¡Hagámoslo! Comenzamos la semana de oración por la unidad de los cristianos. Vivir en comunión es imprescindible en la Iglesia para que su testimonio resulte creíble. También aquí todos podemos cambiar de actitud y mirar de otro modo a nuestros hermanos bautizados.

 

Quiero por último llamar la atención de los jóvenes y de los que participasteis de forma activa en la JMJ para que entre todos preparemos un estupendo “Foro de Jóvenes”, el mes que viene viernes 17 de febrero. ¿Recordáis la oración – concierto con Ain Karem? ¿Podemos preparar otro momento fuerte como éste que vivimos? ¡Adelante pues!

 

Un cordial saludo a todos.

 

P. Paco aa. vuestro párroco