LOS SACRAMENTOS

 

 

Los Sacramentos

 

Bautismo

 

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EL LENGUAJE DE LOS SÍMBOLOS

Nuestro entorno, nuestra vida, es un mundo lleno de significaciones, de símbolos. Estamos acostumbrados a leer e interpretar los signos de la vida cotidiana. Nos expresamos a través de signos y símbolos.

Cada uno de nosotros recordamos signos que son valiosos porque nos unen a una persona, nos la hacen presente. Esos signos (un ramo de flores, una foto, un objeto que evoca un recuerdo...) están vivos, hablan y acompañan la vida, el recuerdo, los sentimientos.

Dios habla al ser humano a través de la creación… La luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos pueden referirnos a Dios y simbolizar su grandeza y proximidad.

En lo que se refiere a la vida humana, nos ayudan a sentir y experimentar cosas para las que las palabras no bastan. Las personas tenemos diferentes dimensiones,  somos corporales, pero también espirituales, por eso experimentamos realidades espirituales a través de signos materiales. Algunos pueden ayudarnos a sentir cerca de Dios, incluso en la vida cotidiana.

Las celebraciones litúrgicas contienen signos y símbolos que se refieren a distintas realidades:

-          La creación: a través de la luz, el agua, el fuego…

-          La vida: Lavar, ungir, partir el pan…

-          La historia de la salvación: los ritos de la Pascua.

Insertados en la vivencia de fe y asumidos por la fuerza del Espíritu Santo, estos elementos, estos ritos y gestos se hacen portadores de la salvación y santificación operada en Cristo.

CELEBRACIONES DEL DON DE DIOS

El sacramento señala otra realidad diferente de la que se ve con los ojos.

El “Sacramento” es un signo visible a través del cual Dios nos hace llegar su salvación. El mismo Jesús se hizo sacramento que nos mostró a Dios Padre: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo de Dios…” Es decir se ha convertido en la imagen de Dios invisible.

Jesús a lo largo de su vida no sólo hablaba del Reino, sino que cuando se encontraba con las personas las levantaba, la curaba y reconciliaba. Con su acción sanadora y salvadora inaugura el Reino. A veces sirviéndose de elementos naturales, lo que en realidad hace presente es el Amor de Dios.

Con lo anterior podemos adelantar que los sacramentos, a través de gestos, palabras y acciones hacen presente y real el amor de Dios. Son símbolos que contienen, rememoran, visualizan y comunican otra realidad diversa de ellas, pero misteriosamente presente en ellas.

CON GESTOS Y PALABRAS

Si Cristo es como un sacramento del Padre, la Iglesia es en Cristo como un sacramento. Es como un signo e instrumento de la unión íntima con Dios y entre todos los seres humanos (cf. LG 1). En ella, por la fuerza de su Espíritu, Cristo Resucitado se encuentra con nosotros y establece un diálogo que nos comunica su gracia.

Los sacramentos contienen palabras y gestos de la Iglesia que nos comunican la vida de Dios. En cada sacramento hay pues dos elementos:

-          Un gesto (a veces elementos materiales, agua, aceite, pan, vino).

-          Una palabra que lo acompaña.

En la última cena Jesús tomando pan y vino y mediante sus palabras, éstos elementos vienen a ser Él ofrecido en alimento, significando la entrega total  de si, de su Cuerpo y Sangre por nosotros.

SÍMBOLO DE LA PRESENCIA SALVADORA DE CRISTO EN LA IGLESIA, PRIMICIAS DE UNA NUEVA CREACIÓN.

La Iglesia considera que los siete sacramentos  establecidos y fundados por Cristo, son lugares privilegiados de encuentro con Él y son fuente de vida.

Los sacramentos se ajustan al ritmo de la vida humana, desde el comienzo al fin de la vida. De este modo se corresponden profundamente a la naturaleza humana. El rito mismo forma parte de la vida humana. Marca tiempos fuertes y señalan un sentido expresado a través de símbolos. El rito además manifiesta la apertura del hombre a la trascendencia de la que se siente necesitado.

Mediante la creación de una comunión personal con Dios con los hombres sus hijos, el sacramento responde al deseo de unidad, presente en el corazón del hombre. Los sacramentos son primicias de la nueva creación, de una humanidad renovada por el Espíritu Santo.

En quien se bautiza, se confirma o en quien recibe el cuerpo de Cristo, tiene lugar un verdadero don de Dios que merece ser celebrado y festejado.

UN DON QUE ESPERA RESPUESTA DEL HOMBRE

Los sacramentos que la Iglesia nos ofrece en nombre de Cristo no dan el fruto esperado en nosotros si no los recibimos libre y conscientemente.

En todo sacramento se encuentran el don de Dios y la respuesta del hombre. Pedir un sacramento es decir “si” a Dios, es aceptar ponerse a la escucha de su Palabra y compromete nuestra fe y nuestro estilo de vida. A la vez fortalece la fe del creyente y le ayuda a dar respuesta asentando una vida digna de ser llamada cristiana. Piden adhesión y fidelidad, sentirse parte, corresponsabilidad.

LA PALABRA DE DIOS Y LOS SACRAMENTOS

Todos conocemos el mandamiento del amor señalado por Jesús: “Que os améis unos a otros igual que yo os he amado”  Jn 13,34.

Pero la tradición evangélica también da testimonio de otro mandamiento dado por Jesucristo y que escuchamos la tarde del Jueves Santo: “Haced esto en memoria mía” Lc 22,19.

Estos dos mandamientos están estrechamente ligados: amar hasta dar la vida y celebrar el signo de este don.

De esta forma los sacramentos están compuestos por la palabra y por el signo. Los signos están compuestos por la palabra y por el signo. No cualquier signo, sino signos evocadores:

-          La inmersión bajo el agua es signo expresivo de una vida que se acaba para que empiece otra nueva.

-          El pan y el vino compartidos son signo de fraternidad, etc.

La palabra es necesaria no para explicar el signo, sino para hacer presente la salvación que el signo evoca. De hecho, la eficacia misteriosa de los sacramentos es lo más grande en ellos.

SACRAMENTOS DE LA VIDA

Los sacramentos nacen con el surgir de la iglesia. El Nuevo Testamento nos informa en muchas ocasiones sobre el Bautismo, la Eucaristía, y la Unción de los enfermos. San Lucas nos refiere las palabras de los fieles el día de Pentecostés:

“Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: - ¿Qué tenemos que hacer hermanos? Pedro les contestó: - Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Hch 2,37-38.

SACRAMENTOS Y COMPROMISO

En el texto anterior encontramos dos exigencias: la conversión – vuelta al amor de Dios – y el Bautismo, que inscribe esta conversión en la muerte y resurrección de Cristo.

San Pablo recuerda en la carta a los Romanos:

“¿Es que no sabéis que los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte? Por el Bautismo fuimos sepultados en Él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva”  Rom 6, 3-4

En cuanto a Luchas (Hch 2, 42-47), insiste en la enseñanza de los apóstoles, la comunidad fraterna, la fracción del pan y la oración. El compromiso de vida y la celebración van unidos. El sacramento es “pro – puesta” de Dios y “res – puesta” humana.

El sacramento, en consecuencia, exige compromiso. La palabra “sacramentum” significaba ya para los primeros cristianos un compromiso de cambio de vida, una conversión que no era solo una apropiación de nuevas convicciones acerca de Dios o del hombre, sin un compromiso vital. Lo ritual remite pues a lo existencia. En realidad, cada sacramento es a su modo un “memorial operante” de la salvación realizada en Cristo.

SACRAMENTOS Y CONFESIÓN DE FE

En la carta de Santiago (Sant 5, 14-15). Se habla del sacramento como un acto de oración inspirado por la fe y llevado a cabo por un ministro de la Iglesia. El sacramento no es solo un caminar privado, es una confesión de fe.

Después de la resurrección, Cristo ya no es visible, pero se hace presente a los hombres mediante su “sacramento”, que es la Iglesia: ella anuncia la Palabra de Cristo y reitera los gestos que él nos mostró.

En el libro de los Hechos, los caminos de conversión desembocan en una celebración sacramental. Así por ejemplo, en el camino y el diálogo con los discípulos de Emaús, o en el envío del diácono Felipe hacia el eunuco etíope, o en el episodio de la conversión de Pablo, tras una iniciativa del Resucitado, los convertidos entienden las Escrituras gracias a la presencia de un testigo que les guía por ese camino. Su fe encuentra la plenitud con los sacramentos de la Iglesia: La Eucaristía de Emaús, el Bautismo del eunuco y la imposición de manos sobre Pablo invocando el don del Espíritu.

Cristo pues se hace presente en los sacramentos que celebra la Iglesia. Una vez que el testigo ayuda a otro a acceder a la fe, sale de la escena y el nuevo creyente se encuentra remitido a sus hermanos.

EL FUNDAMENTO DE LOS SACRAMENTOS ES JESUCRISTO, SUS GESTOS Y PALABRAS A LO LARGO DE SU ITINERARIO VITAL EN LA TIERRA.

En su itinerario Jesús se encuentra personalmente con las personas: cura, comparte el pan, ofrece a los pecadores un perdón compasivo. Llega al término de su existencia aceptando una muerte injusta por amor a sus hermanos y a su Padre. Sus gestos son existenciales, expresión concreta de una actitud de amor, de entrega de sí mismo, de desprendimiento y gratuidad.

Los sacramentos de la Iglesia con expresión ritual de lo que Jesús realizó por nosotros. Cristo por su encarnación, es el primer y gran sacramento de Dios, capaz de fundar la Iglesia – Sacramento y, en ella, los sacramentos de nuestra salvación.

LOS SIETE SACRAMENTOS

La Iglesia necesitó tiempo para tomar conciencia, bajo la iluminación del Espíritu Santo, de que era en estos siete ritos donde ella expresaba de forma plena su fuerza sacramental a lo largo de la vida de los hombres:

-          Nacimiento a la vida de gracia (Bautismo).

-          Paso a la madurez en la vida de fe (Confirmación).

-          Alimento espiritual, comunión con Cristo, centro y culmen de la vida cristiana (Eucaristía).

-          Proyecto de vida en común  del varón y la mujer, en la íntima comunidad de vida y amor conyugal (matrimonio).

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